lunes, 9 de octubre de 2017

El Cimiento de las Relaciones Familiares Que Honran a Dios


LO PRIMERO ES LO PRIMERO ¡ESPOSO Y PADRE AL MÁXIMO!

Cuando la mayoría de la gente observaba a Gregorio (un seudónimo), veían en él todos los signos del éxito. Era un hombre bien vestido, inteligente, tenía una esposa atractiva y culta y dos niños dotados. A la edad de cuarenta era muy rico; además, era un líder distinguido en su congregación. Gregorio parecía ser el modelo de un hombre de éxito. Sin embargo, allí estaban sentados, él por un lado y su esposa por el otro lado, frente a mí, en mi oficina de consejería. Aparentemente habían venido a buscar consejo para tratar con un pariente problemático; pero era evidente que el problema verdadero eran ellos mismos. Gregorio tenía éxito en muchas áreas de la vida, pero en lo verdaderamente vital no estaba bien. Tanto él como su esposa concordaban en que él tenía serias deficiencias como esposo y padre. 

Su esposa estaba bien lastimada y se sentía apartada de él. “Lo admiro mucho,” reconoció, “pero no siento que en realidad él me quiera o me respete. No deja acercarme. Yo quiero que convivamos más, especialmente en las cosas espirituales. Pero no hay manera.” Gregorio reconoció que estaba descomponiendo su relación por cosas que él había hecho o dejado de hacer. Confesó, “Mi esposa es muy piadosa, cariñosa, pero yo no pongo la parte que me corresponde de cooperación en el hogar”. 

Gregorio y su esposa no se estaban animando mutuamente ni se estimulaban uno al otro al amor y las buenas obras (Prov. 27:17; Heb. 10:24, 25). En sus relaciones con sus hijos había casi nada de acercamiento emocional. Él no estaba muy interesado en compartirles la instrucción (consejo) y disciplina del Señor. Por descuido, eso había llegado a ser responsabilidad de su esposa, principalmente. Su influencia en la vida había sido mínima. De hecho, cuando sus hijos llegaron a la adolescencia, la distancia entre ellos se hizo más grande. Gregorio representa cientos de hombres que conozco y miles que no he conocido. Tal vez tú seas uno de ellos. Tal vez no tengas tanto éxito en los negocios como él, y creas que eres un cristiano que quiere ser un mejor esposo y padre. 

LA CLAVE:
En este capítulo, quiero compartir contigo la perspectiva de Dios, que nos muestra el factor más importante para llegar a ser esposo y padre. Dios ve este factor como la clave para convertir a un hombre en una bendición poderosa para su familia. Este es el elemento que hacía falta en la vida de Gregorio.

¿Cuál es este factor clave? Salmo 128:1–4 lo describe así:
“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa. Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová.”
Aquí tenemos un cuadro de los varios aspectos de la familia ideal de Dios: cómo son, cómo funcionan, cómo se relacionan uno con el otro, y lo que los esfuerza y motiva para lograrlo. En este capítulo vamos a considerar lo que el salmo enseña sobre el esposo y padre. En los siguientes dos capítulos vamos a enfocar nuestra atención en la descripción de la esposa y madre y los hijos.

LOS BENEFICIOS DE TEMER A DIOS:
Este salmo indica que para ser el tipo de esposo y padre que Dios quiere que seas, debes ser un hombre que teme a Dios (v. 1, 4). Un temor apropiado de Dios te va a convertir en una bendición extraordinaria para tu esposa y tus hijos. Serás apreciado por tu familia. Llegarás a ser un esposo y padre efectivo. El temor de Dios va a ser la tierra en donde crecerá tu influencia positiva y la razón básica que hará que tu familia se levante y te bendiga. Te animo a meditar en lo que la Biblia dice que te va a ocurrir, a un hombre que teme a Dios.

Dios dice que los que temen a Dios:
1.Recibirán instrucción divina en cuanto a las selecciones que deben hacer (Sal. 25:12).
2.Son prósperos en todo (Sal. 25:13; 112:3).
3.Experimentan la bondad de Dios (Sal. 31:19).
4.Son objeto especial de la protección de Dios (Sal. 31:20).
5.Tienen hijos a quienes Dios muestra gran compasión (Sal. 103:11–18).
6.Tienen descendientes que van a ser grandes en la tierra (Sal. 112:2).
7.Son motivados a ser amables y generosos (Sal. 112:4, 5)
8.Van a demostrar más confianza y valentía (Sal. 112:6–8; Prov. 14:26)
9.Van a experimentar el contentamiento (Sal. 112:5, 6; Prov. 19:23)
10.Van a ser gente de oración, y sus oraciones serán escuchadas (Sal. 145:19)
11.Son bendecidos con sabiduría (Prov. 1:7; 9:10)
12.Aceptan la enseñanza y apacibles (Prov. 8:13; 14:26; 15:33; Hech. 9:31).
13.Se caracterizan por su integridad y su lealtad (Job. 2:3).
14.Son considerados y amables (Sal. 112:4–5).
15.Son notables por su conversación constructiva (Mal. 3:16).
16.Son pacientes, esperanzados y genuinos (Sal. 147:11).
17.Perseveran en hacer lo bueno (Sal. 112:3, 5; 2 Cor. 7:1).
18.Trabajan duro, pero no tanto como para no dedicar un tiempo a la diversión (Sal. 128:3).
19.Aceptan la responsabilidad de su propia familia pero sin exceso (Sal. 128:3).
20.Están dedicados a su familia y la consideran una fuente de mucha satisfacción (Sal. 128:1–4).
21.Se deleitan en adorar a Dios (Apoc. 14:7).
22.Aman las Escrituras y ordenen su vida según los mandamientos de Dios (Sal. 112:1; Ecl. 12:13).

¿Cómo aplica todo esto mi amigo Gregorio a sus problemas de familia? Ciertamente, él necesitaba instrucciones específicas para los temas que lo involucran como esposo y padre. En el curso de consejería, discutimos estos temas en detalle. Él necesitaba un temor de Dios sano y prudente en su vida.

LO QUE ES EL TEMOR DE DIOS:
¿Qué quiere decir “ser un hombre que teme a Dios”? Respuestas confusas a esta pregunta te pueden impedir construir una familia como Dios quiere. Algunas personas tienen un temor a Dios que es pesado, hasta opresivo. Si piensan en Dios les provoca ansiedad, miedo o pavor. Su temor a Dios es debilitante; una maldición en vez de una bendición. Creen que Dios está para agarrarlos, que es malhumorado, vengativo e irritante.
Un ejemplo de esta clase de temor lo vemos en la historia que Jesús contó sobre los tres hombres que recibieron los talentos. Dos de los hombres invirtieron sus talentos y produjeron ganancias. El tercero no puso a trabajar su talento. Cuando los llamaron a dar cuentas, éste último explicó su inactividad diciendo, “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento” (Mat. 25:24–25, énfasis añadido).

El miedo de este hombre lo hizo inútil para actuar. El concepto que tenía de su maestro era de un déspota vengativo que se deleitaba en avergonzar a la gente, y dar rienda suelta a la venganza. Tal actitud derrotista refleja la visión de mucha gente hoy en día. Viven con miedo de otras personas, las circunstancias o lo que pueda pasar. Consideran a Dios de la misma manera que este hombre de la historia veía a su maestro.

Pero el temor de Mat. 25:25 no es el temor de Dios descrito en el Salmo 128. El primero te va a empobrecer y a tu familia; y el segundo va a enriquecer tu vida. El miedo de Mat. 25:25 causará que seas inseguro, descontento, no perdonador, odioso, autoritario o esclavo. Pero el temor del Salmo 128 produce efectos opuestos: es constructivo, no destructivo, te llevará hacia Dios, no te mandará lejos de Él; te va a estimular a la acción responsable, no a engendrar pereza; te motivará a que busques a los demás, no a esconderte; te ayudará a servir a otros y a desminuir tu egoísmo y a demoler otros temores que te han impedido vivir con confianza, gozo y fruto.

Las Escrituras aseveran que si estás en unión con Cristo Jesús, no tienes porqué estar cautivo a un miedo que involucra el pavor a Dios. Si no has experimentado el perdón de Dios por la redención de Cristo, tienes toda la razón para tener miedo de Dios porque nunca has hecho las paces con Él. Pero si has confiado en Cristo para la salvación y el perdón de tus pecados, confesándolo como Señor, la Biblia dice que, no tienes causa de estar bajo este tipo de miedo. Dios te ha dado el espíritu de ser Su hijo y el derecho de llamarle Padre (Rom. 8:15). Y como hijo del Padre celestial, amoroso y compasivo, eres un heredero de la gloria (Rom. 8:17), estás justificado, reconciliado con Dios y salvado de la ira de Dios por medio de Jesús (Rom. 5:9–10). Por tu relación con Jesús, no tienes que estar perturbado al pensar en Dios. De hecho, ahora tienes toda la razón para gozarte en Dios, temiéndolo en la manera positiva, descrita en el Salmo 128. Y eso nos lleva a preguntar exactamente que quiere decir temor de Dios. 

De manera sencilla: el temor de Dios es la respuesta inevitable de un entendimiento creciente y bíblico de, y una relación con, el verdadero y viviente Dios quien ha sido revelado por Jesucristo.


La esencia del temor de Dios lo ilustra vívidamente la vida de Moisés en Éxodo 15:1–18. Antes de este pasaje, Moisés tuvo una experiencia que engrandeció bastante su concepto de Dios. El Señor había rescatado milagrosamente y con poder a Su pueblo de la destrucción segura a manos de los egipcios. Dios había partido las aguas del mar Rojo y permitido a los Israelitas.
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