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viernes, 10 de noviembre de 2017

PENSAR BIBLICO


En línea con la teoría de la evolución se nos enseñó en la clase de biología que la única diferencia entre el hombre y los animales es que el hombre es es un animal racional. Ante la Biblia una perspectiva denigrante. El hombre no solo es distinto de la fauna, es además un ser con distinción: portador exclusivo de la imagen de Dios. Su razón es uno de los componentes de la imagen de Dios.
Ahora bien el mundo evangélico no piensa en el hombre como un animal, pero se comporta como si fuera un ser poco racional. Se considera cristiano devoto aquel que ignora su mente y se guía por el corazón y por el Espíritu. La fe y la mente se consideran como dos cosas que se oponen. Si creo en Dios, dejó que la fe se eleve por encima de la razón.
El cristiano no puede ser irracional
Tocante a este disparate John Stott dijo: Es la fe y la vista lo que son contrarios, no la fe y la razón. La fe y la mente no pueden oponerse pues la fe no pende del vacío, se aferra a una doctrina anidada en la mente.
Hace algunos años Disney produjo la película José de Egipto en la que se insistía que lo que cuenta es “creer”. Y a lo largo de la película nunca se aclaró en qué debía uno de creer. Una omisión aparentemente inocente. !Pero sólo aparente!, pues Disney jamás se atrevería a ligar la fe con la Biblia; la omisión fue la manera elegante de deslindar a este personaje de la base de la fe.
En realidad, la fe basada en nada salva tanto como la doctrina sin fe (llamada fe de diablos en Sant. 2:19-20). Sólo la fe basada en la verdad iluminada por el Espíritu pueda salvar. Esta índole de fe es compañera inseparable de la mente.
El nuevo nacimiento renueva la mente
El nuevo nacimiento no es la supresión o sustitución de nuestras facultades humanas. La regeneración del espíritu es la reorientación de todas las facultades que componen al hombre para ponerlas al servicio de la verdad. Dentro de ellas se encuentra la mente. Previo a la regeneración, la mente operaba conforme a lo que los teólogos llaman: el efecto noético del pecado. Es decir, una mente nublada por el pecado, cegada a la verdad espiritual.
De hecho, la único explicación de que el cristiano no tiene al evangelio por locura, según Pablo, es que incluye la implantación de la mente de Cristo que nos capacita a discernir las cosas que el ojo no vio ni oido escucho. La salvación entonces, nos proporciona tanto de un nuevo corazón como de una nueva mente (de hecho la mente habita en el corazón, el término más inclusivo para describir al hombre interior).
La mente regenerada debe también desarrollarse
La mente regenerada es nueva pero embriónica. No ha sido desarrollada. Como la mente del recién nacido requiere desarrollo, se debe cultivar y madurar. De hecho, este es el punto de partida de la santificación. En el capítulo 12 de Romanos que inicia las recomendaciones prácticas Pablo subraya que el primer paso a tomar a lo que corresponde a las misericordias de Dios es: no conformarse a este siglo sino transformarse por medio de la renovación del entendimiento para aprobar la voluntad de Dios agradable y perfecta (Romanos 12.2).
Hagamos una pausa y reflexionemos. La salvación no es una terapia para la conducta disfuncional que nos inculque prácticas cristianas conforme a una lista de comportamiento aprobados por la iglesia. La salvación es un transplante de corazón que incluye una renovación mental que produce un cambio de conducta a raíz de un cambio de pensamiento.
Esto es reiterado en la epístola a los Colosenses que afirma que para crecer hay que revestirse del nuevo hombre que conforme a la imagen del que lo creó se renueva hasta el conocimiento pleno Colosenses 3:10. Paralelo a esto es Efesios que enseña que el llamado a la santificación comienza con el abandono de la vanidad mental y la renovación del “espíritu de nuestra mente” Efesios 4:23
La mente no debe ignorarse ni aun en aquellas actividades que consideramos más devocionales y espirituales como la adoración. Pablo reprende la adoración pregunta irracional de los Corintios ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento I Cor. 14:15. No se debe abordar la adoración con una mente en blanco.
El cristianismo es una lavada de cerebro
El verdadero cristianismo es en realidad una lavada de cerebro. O mejor dicho, una deslavada de cerebro. La iluminación del Espíritu disipa la filosofía del mundo que nos tenía cautivos y reprograma la mente a su estado original cuando pensaba igual que Dios. Este reprogramación toma toda una vida, comienza en la conversión, avanza con la santificación, culmina en la glorificación.
Ante cada situación nos encara un desafío: despojarnos de las vieja forma de pensar y entrenarnos con las Escrituras a la nueva forma de pensar, hasta que toda decisión y cada acto manifieste una cosmovisión bíblica, y todo pensamiento sea llevado cautivo a la obediencia de Cristo.
Dos peligros a evitar
Existen dos tendencias peligrosas capaces de menoscabar este proceso. La primera la señala Pablo en Efesios: ser niños llevados por doquier por todo viento de doctrina. La ignorancia de la Biblia eleva el índice de susceptibilidad a los ideologías del mundo y los errores de moda.
Es incomprensible pensar que la mayoría de los que hacían llamar cristianos en Alemania foverecieron el surgimiento del movimiento Nazzi. Un conocimiento superficial de las Escrituras les hizo pensar que esta ruda ideología antisemita congeniaba con la enseñanza de la Biblia.
Cuantos cristianos evangelicos no le dieron apoyo el Papa Francisco cuando éste fue elegido, como si este fuera el amigo de las Escrituras, el ungido de Dios para poner fin a la herejía de la salvación por obras, y restablecer la Biblia como la máxima autoridad de fe y práctica por encima de la tradición.
Cuantas iglesias hoy en día se rehúsan a reprender a parejas que viven juntos sin compromiso de matrimonio por temor a ofenderles. Cuántos cristianos existen que tienen mayor interés en la partitura que en la Escritura. Para quienes la música es más importante que la doctrina.
Así viven miles de cristianos que no se han arraigado bien en las Escrituras y viven meneados por todo viento de doctrina.
Por otro lado también existe el peligro de ser intelectuales áridos. Conocedores pero no prácticantes de la verdad. Ravi Zacharías bien dijo que la jornada más difícil por emprender es un camino de 12 pulgadas de la mente al corazón. La renovación del entendimiento nunca ha tenido por fin el conocimiento, sino la transformación del corazón. No se trata de un cambio cognitivo, sino de una doctrina potenciada por el Espíritu para cambiar el corazón mediante la instalación de convicciones que reflejan la verdad de la Biblia, la redirección de las intenciones hacia la gloria de Dios y el brote de una actitud de agradecimiento por la épica redención que Dios forjó en la cruz al dar a Su Hijo. Esto y nada menos que esto es lo que significa tener un pensar bíblico.

Cristiano, puedes afirmar que en tu mente se destila la Biblia. Que has aprendido a pensar en categoría bíblicas. Para lograr esto no basta con consultar la Biblia de vez en cuando a forma de aperitivo. Requiere que concientices en las Escrituras, que las leas, las estudies, las medites y las ores y las practiques. Pues la Biblia afirma acerca del hombre que “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Prov. 23:7.

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